Nuevo corto: Morgan

¡Hola otra vez!

Aquí vengo con un nuevo corto para que conozcáis a otro personaje más de la historia, Morgan, la medio hermana de Arthur.

Y también os traigo dos nuevas portadas para que opinéis sobre ellas.

¿Cual os gusta más? ¡Opinad!

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Y ahora os dejo con Morgan. ¡Disfrutadlo!


 

Cuarto corto: Morgan.

Siempre habían creído que estaba loca. En este tiempo y en el anterior.

Pero no era así.

Nunca estuvo del todo cuerda, la verdad. Pero, contrario a lo que pensaban la mayoría, no era una sicótica ni sufría ningún trastorno de personalidad.

Cuando Morgan tocó a Excalibur la primera vez no pasó nada. Si, vio su pasado, pero eso ya lo había visto antes en sueños. Merlin y los otros creían que el tocar la espada fue lo que detonó sus problemas mentales.

Estaban muy equivocados.

No fue ninguna sorpresa ver todo aquello. Ya sabía que estaba destinada a destruir a su hermano y a Kamelot, que era una herramienta para que su verdadero amor consiguiera lo que su familia atesoraba.

Excalibur.

Y, sobre todo, estaba destinada a acabar con Merlin.

Nadie podría quitarle otra vez la satisfacción de acabar con ese desgraciado.

Aun se despertaba llorando cuando soñaba con la muerte de Mordred. Su muerte en el pasado, en aquella otra vida que ella podía recordar como si fuera ayer.

Merlin no tenía ni idea de que Morgan le había seguido después de aquella batalla, buscando acabar con él. Buscando venganza. Ese charlatán no sabía que ella le había visto rematar a Mordred cuando este agonizaba en el suelo, mal herido. La única razón por la que consiguió escapar de su venganza en aquella ocasión fue porque la Dama del Lago estaba allí y era demasiado poderosa para que Morgan la enfrentara.

Esa estúpida criatura siempre tuvo debilidad por Merlin.

No pudo, pues, vengarse. Merlin acabó desapareciendo con la Dama y se perdieron en el tiempo y el espacio. Y Morgan era mortal, a fin de cuentas. Tuvo que morir y vivir otras vidas, otras épocas. Seguir el flujo del tiempo, esperando…

Pero ahora tenía una oportunidad.

La mítica bruja no estaba a la vista en esta línea temporal y la magia de Merlin era mucho menos poderosa que en el pasado, ya que Excalibur seguía dormida esperando a su dueño.

Su propio poder también estaba menguado, todo había que decirlo, pero eso no importaba. En ese tiempo el único poder que valía era el dinero y eso le sobraba.

Tenía una oportunidad, al fin, de vengar la muerte de su amado.

Los demás verían absurdo querer vengar la muerte de alguien que, en la actualidad, estaba vivo en vez de dedicarse a disfrutar de esa segunda vida. Pero ella no era capaz de olvidar el dolor que sufrió en aquella ocasión.

Y por ese dolor Merlin debía pagar.

A su lado, Mordred abrió los ojos, sonriendo perezoso. La abrazó por la cintura de manera posesiva. Morgan desechó sus lúgubres pensamientos y se acercó a él para besarle. Se colocó sobre él, sentándose en su regazo. La sabana que cubría su cuerpo resbaló, dejándola desnuda.

–  Uhm… estas de buen humor… – comentó Mordred cuando ella le acarició el pecho.

–  ¿Sabes? Hoy es un día maravilloso para destruir Kamelot, querido.


 

 

 

Novedades y booktrailer de Kamelot 2.0

A ver, novedades…

Nueva ficha de personaje. Esta vez contamos con Merlin.

Dos nuevos wallpapers que me quedaron muy monos.

gawain wall

lance wall

 

Y el booktrailer para la novela. Movie Maker y yo seguimos teniendo la misma historia de odio de siempre… así que no esperéis una maravilla.

¡Aun así espero que os gusten!

¡Ya va quedando menos!

 

Segundo corto: El pasado de Gawain

Pues aquí os dejo este otro corto que hice para ir presentándoos a los personajes. En este participan Gawain y Arthur.

¡Espero que os guste!


 

El pasado de Gawain.

– Ni lo pienses.

A Arthur le dio un vuelco el corazón y saltó en el sitio al oír la voz de su guardaespaldas tan inesperadamente cerca. Gawain había aparecido detrás de él, silencioso como un gato, riendo por lo bajo y bebiendo lo que parecía un refresco.

Haciendo lo que más le gustaba: asustar a Arthur.

Estaban en una de esas fiestas de accionistas a las que Merlin les obligaba a asistir. Un verdadero tostón, según el chico, lleno de viejos amigos y socios de su padre y absolutamente nadie de su edad.

Tan solo parte del servicio de catering y el de seguridad tenían menos de cincuenta años y al único que conocía en ese salón repleto de gente era a su guardaespaldas Gawain.

– ¿Qué no piense en qué? – preguntó, ignorando la sonrisa socarrona del otro por haber conseguido pillarle de nuevo. Se estaba convirtiendo en una costumbre muy molesta eso de asustarle.

– Piensas que puedes huir de la fiesta. Le estás haciendo ojitos a la puerta de servicio. No pienso dejarte escapar así de fácil. – Arthur a veces dudaba de que el otro tuviera treinta años realmente. ¡Se comportaba como un crio!

Le echó un largo vistazo antes de responder. La verdad era que Gawain parecía más joven de lo que era. Casi aparentaba la edad de Arthur, veintidós. Con el cabello pelirrojo demasiado largo y revuelto, los ojos verdes claros que chispeaban cuando sonreía… el sobrio traje negro que llevaba no conseguía ensombrecer nada de todo eso.

– Yo no iba…

– No mientas, Arthur. No te favorece. Has venido conmigo y te irás conmigo.

El chico gruñó un taco. Si que había fantaseado con la idea de largarse de la dichosa fiesta a escondidas. Solo asistía para que los accionistas le vieran y respiraran tranquilos al comprobar que no había vuelto corriendo a Europa. No era necesario quedarse tanto tiempo.

– ¡Esto es asquerosamente aburrido! ¿Podemos irnos? – suplico, poniendo expresión de pena. No es que pensara que iba a funcionar, pero por intentarlo… – ¡Ni siquiera van a notarlo!

– Aun no. Tienes que aguantar una hora más para felicitar al anfitrión y agradecer la invitación. Prometo que luego te llevare a otro sitio más divertido.

– ¿Cuál sitio?

– Confía en mí. Será una sorpresa.

Confiar en Gawain en esos temas siempre era una apuesta arriesgada, pero no le dio más opción. Pasó el resto de la fiesta pegado a él como si fuera su sombra de verdad y no le permitió ni mirar a la puerta.

El lugar sorpresa al que le llevó resultó ser una pequeña cafetería que estaba abierta las veinticuatro horas en la zona vieja de Brooklyn. Eran más de las tres de la mañana cuando llegaron allí.

El hombre que estaba tras la barra, un tipo con barba y cabello corto negro y de unos cincuenta años, saludó al pelirrojo por su nombre y una sonrisa cálida.

– ¿Qué es este sitio? Dijiste que iríamos a un lugar divertido. – preguntó Arthur, tras sentarse en una de las mesas. Un minuto después, una camarera de unos cuarenta y con aire maternal, ponía un plato de patatas fritas y dos refrescos delante de ellos.

– ¡Me alegro de verte, Alex! – le saludó, revolviéndole el cabello. – Esto va a cuenta de la casa, para ti y tu chico.

– ¡Gracias Hannah!

– ¡No soy su chico! – protestó Arthur, haciendo reír al otro. – No has contestado a mi pregunta. Esperaba que fuéramos a un bar o algo.

– Esto es más tranquilo. Antes trabajaba aquí. – añadió al ver la expresión de frustración del otro. – A ratos, cuando estudiaba. Vivo un par de calles más abajo.

– Creía que vivías en la torre, como el resto.

– Duermo en la torre. Pero aun conservo mi apartamento aquí. No quise deshacerme de él, por si acaso. Nunca se sabe.

Eso le sorprendió. Su padre prefería tener a sus trabajadores cerca, así que toda la plantilla vivía en la torre Kamelot. No había necesidad de que Gawain mantuviera otro apartamento. Incluso si dejara de trabajar para la empresa, esta le conseguiría un nuevo lugar donde vivir. Era una de las clausulas que incluía cualquiera de los contratos en la empresa, a cambio de la disponibilidad inmediata de sus trabajadores.

– Eso me recuerda… ¿Cómo acabaste trabajando en seguridad? – ambos hombres empezaron a comer las patatas. Arthur no había notado lo hambriento que estaba hasta que comenzó a comer. – Merlin comentó que eras un hacker. ¿Cómo acaba un hacker de guardaespaldas?

– ¡Oh, sí! Soy un hacker. ¡Y de los buenos! – rió el pelirrojo. El chico rodó los ojos. La principal “cualidad” del personal de seguridad de Kamelot era su arrogancia. – Muy bueno, de hecho. Le robé diez millones de dólares a “Kamelot” en una ocasión, solo por diversión.

Arthur se atragantó con su bebida al oírle. ¿Había robado diez millones a la compañía de su padre? ¿Y seguía vivo? ¿Y trabajando para la misma empresa a la que robó? Mil preguntas se acumulaban en su mente mientras su cuerpo trataba de recuperar el aliento. El pelirrojo le dio un par de golpecitos en la espalda para que se le pasara la tos.

– ¿Les robaste? – consiguió preguntar al fin, tosiendo.

– Bueno, en realidad solo los escondí. Pensaba devolverlos en un par de días… probablemente con un pico menos, pero… antes de que pudiera hacerlo, Lance y Tristan echaron mi puerta abajo y me llevaron a Kamelot a rastras.

– Uh…

– Imagínate. Tu padre uso a Lidia y me encontró. Eso no era nada fácil, créeme. Estaba más impresionado que molesto por ello. Y algo cagado del susto también.

El chico rió, divertido. Arrogante o no, su guardaespaldas siempre conseguía hacerle reír a su pesar. Daba igual lo muy molesto que quisiera estar con todo el mundo, el fastidioso pelirrojo acababa por animarle.  E imaginarse la escena resultaba divertido. Le habría encantado poder verlo en persona.

– ¿Y qué paso? ¿Cómo no acabaste en la cárcel?

– Resulta que Lidia también estaba impresionada. – eso era toda una hazaña. Lidia era la mejor hacker en activo del momento. – Tu padre pensó, después de hablar con ella, que sería un desperdicio meterme en la cárcel y que podría hacer más en su empresa. Pero Joss no se fiaba de que me comportara si me dejaban de nuevo un ordenador.

– ¿Por qué sería? – Gawain ignoró la ironía, cogiendo más patatas. – ¿Y tenían razón?

– No hubiera podido evitar liarla de nuevo. En esa época era así. Hacía las cosas sin pensar en las consecuencias. Eso me metió en muchos problemas.

– ¿Cuántos años tenias?

– Dieciséis. Tenía un serio problema de actitud. La “oferta” de tu padre me libró de acabar en la lista negra del F.B.I.

– ¿Les hackeaste también? – bromeó Arthur. Pero la expresión del pelirrojo no era nada divertida cuando habló.

– Hice algo más que eso.

Había algo oscuro en la mirada del guardaespaldas que llegó a asustar a Arthur. ¿Qué había ocurrido en el pasado de ese hombre, normalmente tan irritantemente alegre, que solo recordarlo ponía esa oscuridad en su mirada?

Carraspeó, nervioso, pasándose una mano por el cabello negro, despeinándoselo.

– ¿Y que hizo Merlin? Porque dudo que se limitara a prohibirte los ordenadores temporalmente.

– Por supuesto que hizo algo. – la expresión del chico cambió de nuevo a la que Arthur estaba acostumbrado y este respiró más tranquilo. – Lance y él pensaron que un poco de disciplina y vigilancia extra me vendría bien. Así que me pusieron con un grupo de novatos que aspiraban a nuevos puestos en seguridad. Tenían que pasar durante un año un entrenamiento y unas pruebas para conseguir el trabajo. Resulta que me gustó. Era casi tan divertido como hackear.

– No puedo creer que pienses que estar todo el día pegado a alguien y seguir órdenes de Lothsome sea divertido.

– No solo hacemos eso. Hay mucho de estrategia en este trabajo. Pero hacer de “sombra” no es tan malo. A veces, incluso, te lo pasas bien. Como hoy. – el chico parpadeó sorprendido. Eso no se lo esperaba. De hecho, estaba seguro de que nadie de la empresa le aguantaba más que por trabajo.

Era cierto que Gawain le trató con simpatía desde el segundo que se presentó en su habitación para llevarlo a trabajar, pero siempre creyó que era parte de su forma de hacer su trabajo.

No se le pasó por la cabeza que pudiera caerle bien realmente.

– ¿Estás insinuando que te caigo bien?

– Cuando no estás siendo un crio insoportable eres incluso adorable. – rió Gawain.

Arthur no supo si reírse o protestar enérgicamente. Se decantó por lo segundo.

– Adorable se le dice a un bebe o un cachorro. Yo no soy adorable. ¡Y no soy ningún crio!

– Sí, sí que lo eres. – rió Gawain. Alargó la mano y le rozó la cicatriz que tenía Arthur en la barbilla. – Tenías un poco de kétchup ahí. – se excusó, encogiéndose de hombros. – Volvamos a casa. Ya se está haciendo tarde y mañana tienes mucho trabajo.

Eso sacó al chico del trance en que lo había dejado la inesperada caricia. Hizo un mohín y le apartó la mano con brusquedad.

– Soy el jefe. ¿Por qué tengo que trabajar temprano?

– Precisamente, porque eres el jefe. – rió el otro.


 

¡Podéis descargar el Pdf de este corto aquí!