Tercer corto: Las sospechas de Lance

Pues aquí os dejo el tercer corto. Ya solo quedan dos más, si no recuerdo mal y si no se me ocurre otro 😄

Este está ambientado en el pasado, cuando dos de los personajes se convierten en amigos.

Espero que os guste.


 

Las sospechas de Lance.

–  ¡Es él!

– No seas absurdo, Lance. – repuso Uther con calma y sin apartar la vista del cristal. – No es nuestro “topo”. ¡Míralo! Ha salido herido por intentar salvar a mi mujer.

– ¿Y qué mejor manera de alejar sospechas? ¡Nadie se atreve a culpar a una víctima!

– No es él.

– Te estás dejando llevar por el cariño, Uther.

Uther no respondió. Siguió observando a través del cristal a Merlin, al que unas enfermeras le estaban curando las manos. Hizo una mueca al ver las terribles quemaduras que se había infligido al intentar sacar del coche en llamas a su mujer.

– ¿Cómo puedes seguir pensando que era el traidor que buscamos?

Suspirando, Lance dejó de mirar al chico para ver el reflejo de su jefe. Se estaba haciendo mayor para eso. Ya no solo tenía arrugas, sino que también empezaban a salirle canas.

Esta vez habían salido muy mal parados. Casi pierden a Uther. Una llamada de negocios de última hora truncó el destino, impidiéndole asistir a la función de teatro de su hijo pequeño. Solo su esposa Ginny pudo ir, acompañada por Joss y tres hombres del servicio de seguridad.

Ninguno vio venir el ataque. Ni los disparos. Ni el fuego que se produjo cuando el coche se salió de la carretera y dio varias vueltas de campana. Era un milagro que solo hubieran dos muertos.

Ginny y uno de los guardaespaldas.

Joss era muy joven, a pesar de que muchas veces lo olvidaba ya que siempre se comportaba más como alguien de la edad de su jefe que de la suya propia. Tenía veintitrés y había empezado a asistir a Uther como secretario un par de años antes. Pero a pesar de su juventud sacó del coche en llamas al pequeño Arthur y el cuerpo sin vida de la señora P. Drake, costándole aquello las horribles quemaduras que ahora tenía en sus manos.

El chico había permanecido en la unidad de quemados durante semanas. Todavía era pronto para evaluar la totalidad del daño producido por el fuego, pero era bastante probable que no recuperara la movilidad total de los dedos de ambas manos.

Lance refunfuñó por lo bajo, siguiendo la mirada de su jefe y observando al muchacho en la habitación.  Debía reconocer que sus sospechas no tenían mucho fundamento y solo estaban basadas en que no confiaba en el chico.

Cuando Uther le ofreció ese trabajo, años atrás, Lance investigó a todo el personal de la empresa, Merlin incluido. No quería sorpresas desagradables. Había oído la historia de cómo se conocieron Uther y él, en Londres, cuando le intentó robar la cartera. Razón de más para asegurarse de que ese chico no resultaba ser un problema en el futuro.

Lo que se encontró fue desalentador. O, mejor dicho, lo que no encontró.

Joss Merlin no existía antes de aparecer ese día en Londres y tropezarse con Uther. No había ningún registro de nacimiento, documentos de identidad o cualquier clase de papel legal que llevara su nombre.

Absolutamente nada.

Cuando le comentó a Uther el asunto, este le restó importancia. El chico había crecido en la calle. Seguramente fue abandonado de bebe o criado en un hospicio y se habría cambiado el nombre sin registrarlo. Era normal que no encontrara nada.

Pero Lance seguía sospechando de él aunque el chico nunca diera motivos para pensar mal. Su jefe siempre le trató como si fuera parte de su familia y Joss le correspondió con respeto y una lealtad incuestionables.

– ¿Qué ha dicho el médico sobre Arthur? – su jefe suspiró, luciendo cansado.

– Está bien. Se golpeó la cabeza en el accidente y parece ser que eso le causó una leve amnesia que le impide recordar nada de lo sucedido. Le va a quedar una cicatriz en la barbilla por el corte que se hizo.

– Puede que sea mejor que no recuerde. No iba a hacerle ningún bien.

Lance observó su propio reflejo en el cristal, también. Llevaba días sin dormir apenas intentando encontrar algo que relacionara a los asesinos a sueldo que habían llevado a cabo ese atentado contra sus jefes (y de los que ya se habían deshecho adecuadamente) y su principal sospechoso.

No tenían nada aun.

Sus ojos marrones estaban enrojecidos por la falta de sueño y su cabello rubio empezaba a necesitar un corte. Estaba demasiado largo.

– Si… ya sabe lo de su madre, pero le he dicho que ha sido un conductor borracho. He dado órdenes en Kamelot para que nadie comente lo realmente ocurrido delante de él. Se lo explicare cuando sea más mayor.

– Por supuesto.

– Estaba pensando en sacarlo de aquí unos días con Morgan. – Uther se pasó una mano por la cara. – Llevármelos a la cabaña que tengo en Nebraska, para desconectar y evitar a los paparazis por un tiempo.

– Haré los preparativos.

– Quiero que te quedes y lleves a Joss a casa. No quiero que esté solo después de lo que ha pasado. Podrían intentar volver a terminar el trabajo.

– Tristan puede ocuparse de él. Prefiero ocuparme de tu seguridad.

– Tristan puede ocuparse de mi seguridad junto con Percy y quien tu digas más. Pero quiero que te quedes con él.

– ¿Por qué?

Uther se giró, dándole la espalda al cristal por primera vez desde que llegara y le miró a los ojos.

– Sé que no confías en él. Tienes tus razones y me preocuparía si no fuera así, pero Joss no es un traidor. Confío en él con mi vida.

– Lo sé y no he podido entenderlo nunca.

– Por eso quiero que te quedes con él. Para que le conozcas de una vez. Cuando lo hagas te darás cuenta de que no tienes nada que temer de él.

– ¡No le tengo miedo!

– Los médicos le darán el alta esta tarde. – Uther ignoró sus protestas y se colocó el abrigo, preparándose para salir de allí. – Cuídale hasta que regresemos a Kamelot. Va a necesitar mucha ayuda y cuidados.

– Sí señor.

Como predijo Uther, Merlin recibió el alta esa misma tarde. Durante todo el día Lance se limitó a mirar por el cristal mientras las enfermeras y médicos iban y venían, haciéndole algunas pruebas y curas.

Pero no quiso entrar en la habitación para hablar con él.

Desde donde estaba pudo ver el estado de sus manos, bastante mejorado pero las cicatrices se intuían horribles y sospechaba que le durarían toda su vida. Observó el dolor y el miedo mientras el médico hablaba con él y le cambiaba el vendaje. No estaba recibiendo buenas noticias, por lo que se veía.

Cuando llegó por fin la hora de marcharse, Lance le observó intentando abrocharse la camisa sin ayuda y con las manos aun vendadas. La desesperación del chico crecía con cada intento hasta que el mismo Lance no pudo seguir viéndole fallar.

Entró a la habitación, para asombro de Merlin, y se arrodilló frente a él, apartándole las manos con cuidado antes de comenzar a abrocharle los botones. El olor a antiséptico le hizo arrugar la nariz. Odiaba los hospitales.

– No hacía falta.

– Uther me pidió que te cuidara. – el chico sonrió amargo.

– Uther se preocupa demasiado. No hacía falta que te obligara a quedarte aquí. – Lance se encogió de hombros, abrochando el último botón.

– Quizás si hacía falta.

– Te caigo mal y no te fías de mí. – Lance suspiró, pasando una mano por la camisa del otro para quitar una arruga.

– Más bien lo segundo. No me caes mal, Joss. Pero no me gusta lo que no conozco. En mi trabajo no conocer algo es lo mismo que morir. No es aconsejable.

– ¿Estabas vigilando que no fuera a hacer daño a alguien? – preguntó sorprendido. – No soy muy peligroso ahora. Más bien un invalido… inútil y desfigurado. – terminó, mirándose las manos con amargura. Lance suspiró de nuevo. Esto no iba como debía. ¿Por qué le molestaba tanto que el chico estuviera triste?

Con cuidado cogió una de las manos vendadas del otro y la sostuvo delante de su cara.

– Esto no te convierte en ningún inútil. Los médicos han dicho que puedes recuperar la mayor parte de la movilidad. Podrás hacer vida casi normal con estas manos. Y nadie tiene por qué ver las cicatrices si no quieres, pero no creo que tengan nada de malo.

– ¿Cómo puedes decir eso? ¡Son horribles!

– Te las hiciste tratando de salvar a alguien. No veo razón más noble para tener algo así. No hacen más que mejorar lo que ya se ve.

Eso sacó una pequeña sonrisa al chico. Lance sintió algo que hacía siglos que no sentía al ver esa sonrisa.

– Ten cuidado, Lothsome. Cualquiera podría pensar que te caigo bien.

– Nah… aun sigo sin fiarme de ti. – le respondió, sonriéndole de vuelta.


¡Podéis descargar el pdf del corto aquí!

 

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Un comentario en “Tercer corto: Las sospechas de Lance

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